lunes, 25 de junio de 2012

Salvador Dalí en Granollers



DALÍ HAPPENING 

Xavier Vinader. Revista FLASHMEN (Agosto, 1974)
Cuando empezó a aparecer en la prensa el anuncio-reclamo de que Dalí se aprestaba a realizar en la pequeña ciudad catalana de Granollers, un happening por todo lo alto, para el que reclamaba la presencia de mil chinos, el termómetro del interés subió bastantes grados en la región vallesana. 
Dalí es y continuará siendo noticia desde Figueres a Masachusetts. Su solo nombre, desde muchos años atrás, ha despertado oleadas de curiosidad y escepticismo a partes iguales por los cinco continentes. Dalí es un maestro en muchas cosas, pero el número uno en una sola. Dalí es el número uno en el arte del excentricismo. 
Principalmente por eso, “per veure quina una en fotrà ara aquest home” (para ver la que hará ahora este hombre), se reunieron el pasado 19 de agosto y al caer la tarde, un nutrido grupo de representantes de medios informativos, cameramans de TV, cine y fotógrafos tanto del país como de fuera. Además, claro, se reunieron en la plaza del Ayuntamiento de Granollers (la llamada popularmente Porxada), alrededor de 2.000 personas, venidas algunas de otras poblaciones de la región catalana. 
El happening parece que fue propuesto directamente por el genial pintor a la directiva del C.I.T. (Centro de Iniciativas y Turismo) de la localidad, organismo paramunicipal que empieza ya a tener en su haber cierta tradición de actividades espectaculares (exposiciones, festivales maratonianos de canción, etc.) realizados con el evidente propósito de atraerse un amplio sector joven, al tiempo que dan imagen y popularidad a la villa. Por eso, también a Granollers hay gente que la empieza a llamar ciudad-in o ciudad open, indistintamente.
Básicamente, el acto tenía que consistir en la pintura de una gran tela de 10 x 5 metros con la ayuda de ocho mangueras que se encontraban conectadas a unos barriles llenos de pintura de vistosos colores. Dalí, in person, iniciaría la labor y daría instrucciones o dirigiría la creación de la obra colectiva. Además, todo sería filmado por un equipo de la televisión alemana que había estado realizando con Dalí un programa especial titulado Viaje a la Alta Mongolia Occidental.
Para ello, el suelo de la plaza había sido acondicionado para la ocasión, recubriéndolo con un gran plástico transparente, sobre el que una diligente brigada municipal había extendido también buena cantidad de serrín. Las farolas, árboles y aditamientos ornativos más próximos al lugar en que se había colocado la tela, se hallaban asimismo protegidos por sudarios de plástico, lo que no dejaba de ser chocante e incluso daba a la plaza cierto aire propicio a una película de ciencia-ficción.
Dalí llegó pasadas las seis de la tarde, con sólo dos chinos (un modisto de 18 años que además es actor mímico y acróbata, y una modelo y actriz cinematográfica, que había conocido en San Francisco). También lo acompañaba una cohorte de mozas europeas vestidas a lo patricia romana y que no reparaban en mostrar al distinguido público buena parte de su generosa anatomía. La algarabía fue indescriptible. Todo el mundo quería ver de cerca al cosmogónico pintor y los sufridos guardias municipales se las vieron y desearon para resguardarle del envite de las masas. Pese a haber prometido que aparecería vestido de Gioconda, lo único que Dalí llevaba alusivo al famoso lienzo de Leonardo da Vinci, era un vistoso sombrero de copa adornado con varias fotografías del mismo y al que se habían pegado además varias caretas. 
La frustración de los asistentes empezó a aumentar, sin embargo, cuando tras iniciarse los manguerazos uno de los espontáneos pintores dirigió un chorro de pintura blanca sobre Dalí, que algo contrariado se refugió dentro del cercano Ayuntamiento. Al poco, y sin que Dalí hubiera dirigido nada, la tela era una extraña mezcla de colores a la que una treintena de artistas bastante jóvenes arrojaban más y más pintura con manguera o sin ella. Hubo momentos incluso en que algunos de ellos empezaron a lanzar pintura sobre los espectadores pasivos, lo que provocó más de alguna carrera y bastantes enfados. 
Más tarde, Dalí intentó bailar una sardana con los escasos chinos que se había traído sobre un podium emplazado exprofeso. Empeño inútil. Las escasas fuerzas del orden de la villa fueron incapaces de evitar la invasión de todo el recinto. Dalí, sus chinos, las niñas monas y la cobla La Verneda hubieron de retirarse rápidamente sin haber podido iniciar unos pasos. Luego, Dalí continuaría dejándose fotografiar dentro del Ayuntamiento pero no volvería al centro de la plaza, que ya los improvisados pintores habían convertido en una especie de lodazal pringoso en el que uno peligraba de quedarse pegado.
Dalí abandonó Granollers como había venido, con su Mercedes Benz de color gris, diciendo que aquello le había gustado mucho y todo “había sido un ensayo para lo que pensaba hacer el día de la inauguración del museo que lleva su nombre en Figueres”. Mientras, parte de los pintores continuaban la fiesta cantando y bailando completamente llenos de pintura de pies a cabeza. Fue únicamente entonces cuando la espontaneidad empezó a aparecer en el happening de Granollers. Sólo entonces. Por muy poco rato, demasiado poco, se pasó de una situación forzada a otra creada de nuevo. Pero a aquellas horas, la gente empezaba a retirarse tras haber visto los bigotes del divino muy de cerca y llevándose como recuerdo de la ocasión grandes manchas de pintura sobre el traje. Al día siguiente el consumo de quitamanchas debió aumentar de manera extraordinaria en Granollers. 


2 comentarios:

  1. Granollers quien te ha visto y quien te vé.
    Those years are over!
    JJ

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    1. Yo estuve allí, en casi primera línea. Habia un pequeño podiun, una especie de ring. Multiktud de gente agolpada alrededor. Unos chicos con mangueras de pintura pintaban una lona colgada de un bastridor. Alguien tiro pintura a Dali que llevaba americana de terciopelo negro. Dali se asusto y se escondio en el ayuntamiento. Decian que se filmaba parte del documental Viaje a la Alta Mongolia Oriental. Dali llevaba dos secretarias vestidas como de galácticas, una era china y se le salían los senos cuando se movia.

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